ABRIL 19 de 2026
DESEMBARCO DE LOS 33 ORIENTALES.
EN NUESTRA PÁGINA DE LIBROS Y MÁS..
https://geoconexionuruguay.blogspot.com/p/blog-page_27.html
accedemos al enlace de descarga del libro digital:
ABRIL 19 de 2026
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La guerra que Estados Unidos, Israel e Irán emitió 5 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) en los primeros 14 días. Este hecho, un desastre en términos ambientales, igual la producción mundial de carbono más rápido que 84 países juntos.
Buena parte del daño ecológico causado por el conflicto bélico se produce por los ataques directos a las infraestructuras energéticas, las bases militares, las zonas civiles y los barcos enaltamar. Así, además de lamentar miles de muertos y daños, toda la región quedará marcada por una notable desmejora en la calidad de vida de los ciudadanos de Medio Oriente y de otras regiones.
Los incendios en las refinerías demuestran que el cambio climático no puede sino agravarse, cuando los combustibles fósiles son el eje de una política internacional belicista.
Sin embargo, el principal daño al medioambiente en términos de emisión de dióxido de carbono es la destrucción de edificios de civiles: Estados Unidos e Israel aseguran haber derribado miles en Irán. Según la organización Media Luna Roja Iraní al menos unos 20 mil edificios civiles fueron objetivos de guerra en su país, lo que significaría unas 2,4 millones de toneladas de emisiones de CO2 solamente en remover los restos, detonarlos si hace falta o demolerlos, y luego alisar el terreno. Además, el país de Netanyahu atacó a cientos de construcciones en el Líbano, por lo cual la región sigue sumando emisiones fuera de Irán.
Que la guerra sea a distancia potencia el problema: algunos bombarderos estadounidenses han salido desde Inglaterra para atacar a Irán. Aproximadamente entre 150 y 270 millones de litros de combustible fueron utilizados en las últimas semanas entre aeronaves, buques y vehículos de apoyo. Solo este factor sumó 529 mil emisiones de dióxido de carbono.
En cuanto a ataques, solo un bombardeo de Israel a cuatro depósitos de combustible en Teherán causaron que la capital iraní quedara cubierta de nubes oscuras y lluvia negra que generó quemaduras químicas. Entre 2,5 y 6 millones de toneladas de dióxido de carbono fueron quemados por esa y otras ofensivas, incluyendo las respuestas de la nación islámica. Este tipo de ataques acumularon 1,88 millones de toneladas de emisiones de CO2.
Solo en las primeras dos semanas Estados Unidos habría perdido cuatro aviones, mientras que a Irán le destruyeron 28 aeronaves, 21 buques de guerra y hasta 300 lanzadores de misiles. Solo estas pérdidas implicaron 172 mil toneladas de CO2.
Las bombas, drones y misiles también aportaron lo suyo. En los 14 días iniciales el tándem estadounidense-israelí atacó 6 mil veces a Irán, e Irán respondió con mil misiles y 2 mil drones, junto con 1900 interceptores de defensa. Toda esta artillería significó 55 mil toneladas de dióxido de carbono.
Los ataques a las bases militares también generan graves impactos ambientaless, dado que en estas edificaciones hay todo tipo de combustibles, aceites, metales pesados, compuestos energéticos. Los incendios podrían liberar compuestos químicos altamente tóxicos como dioxinas y furanos.
El número total del estudio ambiental sobre el impacto de la guerra en Medio Oriente arroja 5.055.016 toneladas de dióxido de carbono. En caso de anualizarse el resultado de estas dos semanas serían 131.430.416 toneladas de CO2, prácticamente la misma cantidad que Kuwait, que depende altamente de los combustibles fósiles, y que los 84 países que menos CO2 emiten.
Fred Otu-Larbi, docente de la Universidad de Energía y Recursos Naturales de Ghana y principal autor del estudio, prevee que “las emisiones aumentarán rápidamente a medida que avance el conflicto” y afirmó que esto se debe a los constantes ataques en instalaciones petroleras. El experto lamentó que “todos debemos convivir con las consecuencias del cambio climático” y agregó que es inaceptable “quemar las emisiones anuales de Islandia en dos semanas”.
En consonancia, Bigger también sostuvo que las incursiones militares contra las petroleras pueden traer un correlato aún peor y criticó a su país de origen. “Cada crisis energética impulsada por Estados Unidos ha ido seguida de un aumento en la perforación, nuevas terminales de GNL y nueva infraestructura de combustibles fósiles. Esta guerra corre el riesgo de consolidar la dependencia del carbono en otra generación“, expresó sobre un futuro posiblemente peor.
“Es una guerra por la economía política de los combustibles fósiles, y quienes pagan el precio son los civiles iraníe
s y las comunidades obreras de todo el mundo", cuestionó el experto. Se espera que todo Medio Oriente deba convivir durante décadas con los desperdicios ambientales de las últimas semanas, principalmente Irán.
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El Gobierno brasileño anunció este domingo la ampliación en un 70% de dos áreas protegidas situadas en el Pantanal, el mayor humedal del planeta.
La superficie conjunta del Parque Nacional del Pantanal Matogrossense y de la Estación Ecológica de Taiamã sumará 104.200 hectáreas adicionales.
Esto supone aumentar el área total de humedal bajo protección del 4,7% al 5,4%, según un comunicado del Ministerio de Medioambiente.
La dependencia afirmó que la ampliación “fortalece” la resiliencia del ecosistema frente al cambio climático, así como la protección de especies amenazadas y de criaderos de peces.
Además, la decisión refuerza acciones de combate a los incendios, una de las principales amenazas al humedal, gracias a la ampliación de las brigadas de bomberos.
El anuncio sobre la ampliación fue realizado por el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, durante la ceremonia inaugural de la decimoquinta conferencia de la ONU sobre especies migratorias (COP15) en la ciudad de Campo Grande, considerada como la puerta de entrada al Pantanal. “No habrá prosperidad duradera en Latinoamérica sin la protección de la biodiversidad”, declaró.
El Pantanal, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Natural de la Humanidad y que Brasil comparte con Paraguay y Bolivia, es el hábitat de cientos de especies de animales, como el jaguar, el tapir y el oso hormiguero. Fuente: https://www.pagina12.com.ar/2026/03/23/el-gobierno-brasileno-amplia-las-areas-protegidas-en-el-panta
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Los salares y sus lagunas y arroyos son oasis en el desierto de la Reserva Natural de Fauna Silvestre Los Andes, en la provincia de Salta, en el noroeste de Argentina. “La explotación del litio ya es en sí problemática, debido a que requiere de muchísima agua, justamente en un ecosistema donde el agua es escasísima. En Salta lo es aún más, debido a que las lagunas son mucho más pequeñas comparadas con las de otra provincia que explota y explora litio, como [la vecina] Jujuy”, explica el biólogo Flavio Moschione, de la Administración de Parques Nacionales, especializado en aves acuáticas y uno de los expertos que participó en el plan de manejo de la reserva, ideado entre 2017 y 2018 para proteger la biodiversidad y los salares de esta área protegida.
Dicho plan de manejo quedó en los papeles, como informa Mongabay Latam junto al Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) en una investigación del especial Litio en Conflicto.
Los Andes es un gran desierto lleno de vida, hogar de flamencos y lagartos en peligro donde confluyen las ecorregiones de la Puna y el Altoandino. La reserva es tan importante para la provincia de Salta que representa el 80 % de toda la superficie que el gobierno provincial ha declarado como área protegida. Desde su creación en 1980 necesita un plan de manejo pero las autoridades no consiguen implementarlo.
La reserva tiene una extensión de 14 450 kilómetros cuadrados en el noroeste de Argentina, más que países como Jamaica, Líbano o Montenegro. Pero apenas cuenta con un único guardaparque, sin vehículo, para cuidar sus salares y salinas de alta montaña, sus vicuñas y sus sitios arqueológicos y ceremoniales.
“La biota y la poca gente que vive en la Puna salteña dependen de esa agua, del agua de los salares”, agrega el biólogo Moschione. Por eso, el plan de manejo archivado incluía un programa de mejoramiento del acceso al agua para pobladores locales y a energías alternativas, además del aumento de los ingresos familiares a través del mejoramiento de la productividad ganadera. “En la minería del litio lo que más importa es el agua. Estos ecosistemas son humedales, captadores de dióxido de carbono, reguladores climáticos e hídricos. Su destrucción no sólo afecta a las comunidades locales sino al conjunto de la ciudadanía”, dice Melisa Argento, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y quien ha documentado la relación entre comunidades indígenas y mineras de litio.
Son, además, cuencas endorreicas, es decir, cerradas. Funcionan como una olla. Como explican Argento y su colega Bruno Fornillo en su libro Todo sobre el litio, forman “un delicado equilibrio natural que garantiza la supervivencia de las cadenas de la vida microbacteriana, tróficas (interconexión alimentaria de especies) y antrópicas”. Las mineras miran solo al salar, explican, pero hay que pensarlo como si éstos fueran el iris de un ojo.
No sólo son ricos en litio: también en potasio, magnesio, calcio, boro y otros elementos químicos, explicó Argento junto a Ariel Slipak y Florencia Puente en un capítulo del libro La transición energética en Argentina. Los científicos que trabajaron en el plan de manejo temen que la minería pueda impactar en las poblaciones de varias especies en riesgo y con poblaciones decrecientes. Una de ellas es el flamenco andino, cuyo estatus es Vulnerable.
“La colonia reproductiva de flamenco andino del salar de Llullaillaco, ubicado muy cerca del Cerro Llullaillaco, dejó de reproducir hace unos años y no se ha vuelto a instalar en la zona. En el salar de Pastos Grande, este año hubo apenas 11 nidos, cuando usualmente tenían entre 150 y 200”, dice el biólogo Moschione.
En estos dos salares opera la china Ganfeng. Mongabay Latam se comunicó por varios medios con la compañía, incluyendo a Juan Gilly, su director de Legales, Relaciones Institucionales y Comunitarias en Salta, también presidente de la Cámara de Minería de la provincia, pero no recibió respuestas.
“Como en los lugares donde nifidicaban ya no lo pueden hacer, los flamencos tratan de colonizar otros sitios, como la Laguna Socompa”, pero no son óptimos, afirma el biólogo, como sí lo eran los que ahora ocupan las mineras. No supera los 25 flamencos, dice. Hay preocupaciones similares del otro lado de la frontera, en Chile.
Hay otras especies endémicas que requieren de lagunas con volumen de agua suficiente para nidificar, como la gallareta cornuda, considerada como Casi Amenazada y con una población decreciente. “Si hay mineras, hay gente. Si hay personas, hay basura. Si hay basura hay gaviotas. Estas gaviotas predan los nidos de las gallaretas”, explica Moschione.
El plan de manejo aprobado planteó un plan concreto para elevar los estándares ambientales de la minería en la reserva, incluyendo estrategias para mejorar la gestión ambiental de las empresas y los procesos de evaluación de los Informes de Impacto Ambiental (IIA).
Sobre todo implicaba una zonificación del área protegida. Esa delimitación crearía una zona núcleo —la de conservación más restrictiva— limitada solo para actividades científicas y de educación. Luego habría una zona de uso restringido para actividades como la ganadería tradicional y el turismo, siempre que no causen impacto ambiental. Y, por último, una zona de uso sustentable que permitiría actividades como la minería, con algunas restricciones para procurar la mayor sustentabilidad posible y reducir los impactos no deseados.
Esa zonificación era central, coinciden exfuncionarios, funcionarios y expertos consultados por Mongabay Latam. Precisaba la ubicación de especies emblemáticas, los atractivos turísticos dentro de la reserva y los sitios de mayor prioridad para la conservación, como el Cono de Arita, el salar de Río Grande o el mirador de Llullaillaco. Incluso planteaba la posibilidad de ampliar los límites del área protegida. Como advierte el documento oficial de 2018, “se requiere una negociación con el sector empresarial minero para poder concretar algunos de los polígonos de la zona de uso restringido que podrían estar lesionando derechos adquiridos de algunas empresas”.
El 3 de agosto de 2018, el Gobierno de Salta publicó la aprobación del plan de manejo en el Boletín Oficial de la provincia. Pero todo quedó en papel.
El documento no especifica cuánto dinero se invirtió en el engavetado plan de manejo de la reserva Los Andes, pero sí quién lo financió: el préstamo 2835/OC-AR del Banco Interamericano de Desarrollo, como parte del “Programa de Desarrollo Turístico Sustentable de la Provincia de Salta, Argentina”.
Lo que sí precisaba el documento era la inversión necesaria para la ejecución de los 60 proyectos que el plan propuso desarrollar en un plazo de cinco años, es decir hasta 2023. Se calculó una inversión requerida de unos 65.9 millones de pesos argentinos (4,3 millones de dólares de la época). El 42.36 % de ese monto ya contaba con una fuente de financiamiento asegurada. Aún así, el Gobierno salteño decidió no ejecutarlo.
Del total invertido en la implementación, poco menos de la mitad (el 43 %) se iba a destinar a proyectos con beneficio directo para los pobladores locales, el 30 % al fortalecimiento de la gestión pública, el 15 % a impacto ambiental exclusivo y el 12 % a la generación y gestión de información. Para cubrir los fondos que aún no tenían una fuente identificada, el plan proponía la creación de un fideicomiso, cuyos recursos provendrían de la cooperación internacional, aportes del Estado, empresas privadas y la generación de fondos propios mediante tarifas y cánones.
Mongabay Latam se comunicó a finales de enero con el BID para consultar si el organismo había tomado medidas o estaba al tanto de que había financiado un proyecto frustrado por las autoridades que recibieron los fondos. El banco multilateral no respondió.
La reserva, donde ese turismo sustentable que se buscaba promover es cada vez más escaso, especialmente después de la pandemia, ahora es tierra de mineras. El litio es prioridad para la provincia de Salta y también en la política productiva nacional. Como dice un funcionario público del área ambiental, “dentro de nuestros gobiernos, nuestros puntos de vista son considerados como un boicot a la producción y el desarrollo económico de la provincia”.
*Con la colaboración de Ruido.
*Imagen principal: laguna con una bandada de flamencos andinos en Argentina. Foto: Enrique Derlindati
Litio en Conflicto es un proyecto liderado por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) en alianza con Consenso (Paraguay), La Región (Bolivia), Quinto Elemento Lab (México), Repórter Brasil (Brasil), Ruido (Argentina), Climate Tracker América Latina, Dialogue Earth, Mongabay Latamy Columbia Journalism Investigations (CJI) sobre cómo está funcionando la industria del litio en América Latina. Con el apoyo del equipo legal El Veinte.
Fuente: https://es.mongabay.com/2026/03/litio-argentina-reserva-los-andes-impactos-flamencos/
Es difícil imaginar la vida actual sin celulares,
computadoras, autos, satélites y otros aparatos tan imprescindibles. La mayoría
de estos objetos han ido mejorando su tecnología con base en la incorporación
de unos minerales conocidos como tierras raras, cuya obtención se concentra en
un solo país: China. “De manera tan alarmante como asombrosa, el gigante
asiático controla un 80% del mercado de tierras raras. Estas cifras alcanzan
casi un muy preocupante 100% si nos referimos a las tierras raras pesadas”. Así
comienza el libro La era de las tierras raras. La cruzada geopolítica por los
metales estratégicos, de Juan Manuel Chomón Pérez, teniente coronel del
Ejército del Aire español, doctor en Derecho con dos másteres en Estudios de
Paz y Seguridad y con una vasta experiencia de trabajo en distintos países.
El texto, revisado y actualizado en noviembre de 2025,
explica algunos de los conflictos geopolíticos que están ocurriendo en este
momento en el mundo y proporciona un marco de análisis para entender lo que
seguramente va a suceder en el futuro.
Si bien la agenda del presidente de Estados Unidos, Donal
Trump, parece haberse enfocado en 2026 en el petróleo, ni bien comenzó su
segundo mandato, las tierras raras formaron parte de su retórica mediática
diaria. Por poner dos ejemplos, en febrero de 2025, su plan era que Ucrania le
pagara a Estados Unidos la ayuda militar con tierras raras; después, su
obsesión con estos escasos minerales lo llevó a pretender anexionar la isla de
Groenlandia, que posee grandes reservas.
Un paseo por la tabla
periódica
Las tierras raras son 17 metales, elementos químicos de la
tabla periódica cuyos nombres son escandio, itrio y 15 elementos del grupo de
los lantánidos (lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio,
gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio). El
primero en tomar contacto con las tierras raras fue un teniente del Ejército
sueco en Ytterby, Suecia, en 1787. Entre ese año y 1947 se descubrieron los 17
elementos que se conocen actualmente. En 1945, tres científicos estadounidenses
descubrían uno durante la fabricación de la bomba atómica. “Este tímido
elemento que se produce al decaer el uranio fue bautizado con el nombre de
prometio. Hoy en día utilizado en marcapasos, relojes, equipos portátiles de
rayos X e incluso en baterías nucleares”, cuenta Chomón.
Pero los usos de los 17 en conjunto abarcan desde ser parte
fundamental de los chips, hasta aumentar la fuerza de los imanes que se usan en
motores eléctricos de vehículos y aerogeneradores, pasando por ser incorporados
a “dispositivos de radar, pantallas de plasma, LED, agentes de pulido,
catalizadores, controladores de las reacciones en las centrales nucleares,
sensores, lectores, láseres, fibra óptica, cámaras, robots, satélites, agentes
de contraste en medicina y, entre otros muchos, hacen las aleaciones más
ligeras, pero más fuertes y resistentes”.
Repasando la tabla periódica, la doctora Manuela Morales Demarco, profesora adjunta en Recursos Minerales de la Facultad de Ciencias e investigadora nivel 3 del Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba) del área Geociencias, explicó a la diaria que el escandio y el itrio “son mucho más livianos” que los lantánidos, “pero tienen un comportamiento geoquímico similar”. “El comportamiento geoquímico es cómo se mueven en los sistemas geológicos, en el magma, en el agua que está entre las rocas, en la profundidad de la corteza”, agregó.
La investigadora explicó que la extracción de las tierras
raras “no es tan difícil”. “La extracción en sí, es sacarlas de las rocas y no
es tan complicado. Lo más complicado es separarlas entre ellas, porque están
mezcladas entre sí dentro de minerales. No es una aleación de tierras raras, es
una mezcla de óxidos de tierras raras. La palabra tierra viene de cómo se le
llamaba a los óxidos antiguamente. Ellas siempre van a estar unidas al oxígeno
y muchas veces se comercializan también como óxidos directamente, no en estado
completamente metálico, porque, cuando están puras, son metales. Todas las
tierras raras son metales”, sostuvo.
Morales contó que el proceso de separar las tierras raras se
llama “beneficiamiento”. “La roca se extrae por minería, en general, a cielo
abierto. Hay minería subterránea, pero la mayor parte es minería a cielo
abierto. Después tenés diferentes formas de beneficiarlas, que es separar la
tierra rara de la roca. Una vez que la separás, tenés que concentrar. El
escandio, que es la más cara de todas las tierras raras, se vende como óxido y
el año pasado se pagaba 3.800 dólares el kilogramo. Para separar el escandio de
las otras tierras raras tenés que invertir un montón. Así con todas. Hay
algunos usos y algunas aplicaciones industriales o médicas que necesitan que
estén puras, y hay otras que no, hay otras que pueden ser como una mezcla o con
diferentes grados de pureza”, precisó.
Barrio chino
Lo que plantea Chomón en su libro es que desde 1985 China ha
obtenido sistemáticamente un control “casi total de la cadena de suministro
mundial de las tierras raras”. Morales explica que lo que hace el gigante
asiático “es comprar la producción a otros países de la mezcla de tierras raras
y en su territorio las separa y las vende separadas, además de usarlas para su
propia industria”. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía, en
2024 China controlaba el 60% de la extracción, el 95% del refinado y el 96% de
la transformación de las tierras raras del mundo. La presencia de esta cadena
de producción en el territorio chino hizo que muchas empresas que utilizan como
materia prima las tierras raras, incluidas las estadounidenses, se instalaran
en China por una cuestión de costos. La guerra arancelaria desatada por Trump
contra China y el mundo tiene este asunto como causa principal. “Mientras las
empresas occidentales establecidas en China echan cuentas para ver la
conveniencia de quedarse asegurando los metales, pero pagando aranceles en
Estados Unidos, China devalúa su moneda, el yuan, para ayudar a que la decisión
final sea quedarse en el gigante asiático”, escribe Chomón, sobre la respuesta
de China a Trump.
Para el militar español, la estrategia china se pensó hace
décadas y se planificaron los resultados a largo plazo. Mientras el gigante
asiático concentraba la extracción, la separación de los óxidos de las tierras
raras, la fabricación de los 17 metales, y hasta acaparaba la fabricación de
los productos finales, “la mayor parte del mundo abandonaba estos procesos
costosos y ambientalmente desafiantes en pos de ganancias financieras a corto
plazo”. “La presión popular para combatir la contaminación en nuestros
territorios ayudaba a que se crease el monopolio chino de las tierras raras que
no tiene, por su relevancia estratégica, parangón en el mundo actual de las
materias primas”, añade Chomón. El analista español advierte sobre la
posibilidad de que China pueda chantajear al resto del mundo amenazando con
cortar el suministro de estos minerales o alterando su precio.
Coincidiendo con el listado de Chomón, Morales menciona que
el uso de las tierras raras es vastísimo: “Se usan mucho en electrónica, en
energías renovables, en la industria química, porque se usan como
catalizadores, para la refinación de petróleo, para el desarrollo tecnológico
en general y en las industrias bélica y aeroespacial. También se fabrican con
ellas superimanes que se usan en la industria de los vehículos eléctricos e
híbridos, en las baterías y en los molinos de energía eólica. Hay un imán,
digamos natural, que es la magnetita, pero el imán de neodimio es mucho más
potente”. Sin embargo, hasta 1980 los usos de estos metales se limitaban “al
área industrial: producción de vidrio, catalizadores y metalurgia. Carecían de
relevancia estratégica. Fue China la que posteriormente revolucionó su uso,
dándoles una aplicación tecnológica, abriendo nuevos horizontes en el campo de la
comunicación, la electrónica, etcétera”, dice el teniente coronel.
Chomón explica que este posicionamiento global del gigante
asiático se consiguió con una conjunción del Estado y las empresas grandes y
chicas, aprovechando la ausencia de legislación comercial internacional –como
sí la tiene el comercio de petróleo, por ejemplo–, y trabajando con márgenes de
ganancia escasos o con base en subsidios. “Para comprender la estrategia china
es primordial entender que el valor económico obtenido en cada uno de los
eslabones de la producción de las tierras raras, cadena de valor, desde las
minas hasta el producto final, no es equivalente ni proporcional a las
inversiones realizadas. Las grandes empresas mineras chinas suelen llevar a
cabo únicamente los procesos de minería y extracción. Son las empresas más
pequeñas las que se dedican a la separación, refinamiento y procesamiento.
Ambas funcionan con unos márgenes de beneficio bajos. Las empresas mineras
tratan de fagocitar todo mineral de tierras raras, minando en cualquier parte
del mundo, adaptándose a los más peligrosos escenarios como Afganistán o
Myanmar, entre otros, o a la burocracia de países como Estados Unidos y
Australia. Pero son las refinerías y centros de separación las que constituyen
un auténtico cuello de botella a nivel mundial. Estas fábricas son una trampa
estratégica ideada conscientemente por China y el yugo del que no consigue
escaparse occidente. El gobierno chino recupera su inversión en los primeros
eslabones de la cadena de valor después de la extracción, gracias a la venta de
los productos finales, donde se encuentra la mayor parte de beneficio
económico”, explica.
Brasil es el segundo país con más reservas
Morales se basa en los datos del Servicio Geológico de Estados Unidos, que son de acceso público e incluyen la lista de países que tienen producción y reservas. “Las reservas tienen que ser medidas mediante procedimientos acordados en normas internacionales. Cuando el Servicio Geológico de Estados Unidos dice que tal país tiene reservas, es porque realmente eso se midió. La palabra yacimiento refiere a cuando ya se abrió una mina. Por ejemplo, Groenlandia tiene reservas, tiene un millón y medio de toneladas de óxidos de tierras raras, o sea que de tierras raras tiene un poco menos, pero no tiene producción, no tiene minas abiertas. Entonces, si yo fuera a invertir con una empresa minera en algún país, buscaría uno que tuviera reservas, pero que también ya tuviera minería, porque tiene que haber una rentabilidad”, sostuvo la investigadora.
Los principales países productores de tierras raras en 2024,
después de China, fueron Estados Unidos, Birmania, Australia, Nigeria y
Tailandia. Brasil figura en el lugar 13 en producción, “pero en reservas tiene
poco menos de la mitad de reservas que China”, afirma Morales (ver recuadro).
Tierras raras en las
arenas negras de Rocha
La pregunta que no se le podía dejar de hacer a Morales es
qué se sabe de las tierras raras en Uruguay. “Se estudiaron las arenas negras
de Rocha, pero cuando se estudió, se buscó uranio y torio, y hay un mineral
dentro de las arenas negras que se llama monacita, que es uno de los minerales
que tiene tierras raras normalmente, pero es un mineral que varía bastante en
su composición”, informó. “En Uruguay también hay rocas alcalinas que pueden
tener potencial de tener tierras raras, pero no se han estudiado tampoco, por
lo menos no a nivel empresarial. Se estudian científicamente, muchas veces son
la motivación de algunos proyectos científicos, pero que yo sepa, nunca hubo un
proyecto de ver cuántas tierras raras hay en las monacitas de las arenas negras
de Rocha”, concluyó.
FUENTE LA DIARIA
Durante el histórico viaje de Artemis II, que el pasado lunes sobrevoló la Luna y regresará a la Tierra el viernes 10 de abril, se están llevando a cabo varios experimentos científicos que tienen como protagonistas a los propios astronautas.
Monitorizados en el espacio
Uno de los más importantes, denominado ARCHeR (arquero), consiste en analizar cómo afecta el viaje espacial a los patrones de sueño, la actividad y el estrés. Para monitorizarlo, los tripulantes llevan una pulsera (actígrafo) que registrará los movimientos, actividad y patrones sueño-vigilia durante toda la travesía.
Además, se recopilarán datos y encuestas de desempeño conductual antes y después de la misión. Los resultados serán utilizados para comprender cómo afectan el aislamiento y el estrés de un viaje espacial en la mente, el sueño y la tensión emocional de los astronautas.
Otro tipo de experimentos tienen que ver con biomarcadores inmunitarios, es decir, el estudio de cómo el espacio puede afectar a nuestro sistema de defensa. Para ello, los tripulantes han tomado muestras de su saliva y sangre antes de subirse a la nave Orión y lo harán después. Durante el viaje, también recogerán saliva seca que se depositará en un papel especial en pequeños cuadernillos de bolsillo, ya que el equipo necesario para conservar muestras húmedas en el espacio –incluida la refrigeración– no estará disponible debido a las limitaciones de volumen.
Con estos datos se espera comprender mejor cómo las hormonas del estrés, los virus y las células pueden verse afectados por las condiciones de vuelo. Se quiere estudiar, por ejemplo, cómo se reactivan los virus latentes en el cuerpo de los astronautas en el espacio (algo que ya se había comprobado en vuelos anteriores, pero aún no se conocen los detalles de este fenómeno).
Órganos en chips
También se quiere estudiar cómo afecta la radiación cósmica y la microgravedad a la salud de los astronautas. Para ello se realizará un experimento denominado AVATAR (A Virtual Astronaut Tissue Analog Response, "Respuesta de Tejidos Análogos de un Astronauta Virtual"), cuyos resultados podrían tener beneficios de gran alcance y contribuir al avance de la medicina personalizada del futuro.
Para ello, se han recogido muestras de células de la médula ósea cada tripulante y se han cultivado en un chip del tamaño de una memoria USB (llamado organ-on-a-chip, "órgano en un chip"). Así ha podido obtrenerse una pequeña médula ósea artificial con las características de cada uno de ellos, a modo de réplicas o avatares. Estos dispositivos se expondrán a la radiación durante el vuelo y los resultados se compararán con réplicas similares una vez que vuelvan de la misión. Mediante técnicas de secuenciación de ARN compararán cómo ha influido el viaje espacial en la expresión de los genes de dichas células.
Al ser la médula ósea responsable de producir glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas, constituye una muestra ideal para diagnosticar enfermedades y evaluar la respuesta del sistema inmunitario a los tratamientos. Esta es la primera vez que estos chips de órganos personalizados, adaptados a la tripulación de astronautas, viajan más allá de la órbita terrestre. Un objetivo clave de esta investigación es validar si dichos dispositivos pueden servir como herramientas precisas para medir y predecir las respuestas humanas al estrés de manera personalizada.
Adicionalmente, la tripulación ha proporcionado muestras biológicas, incluyendo sangre, orina y saliva, para evaluar su estado nutricional, salud cardiovascular y función inmunológica desde aproximadamente seis meses antes del viaje hasta un mes después de su regreso. También participarán en pruebas y estudios para evaluar el equilibrio, la función vestibular, el rendimiento muscular y los cambios en su microbioma, así como la salud ocular y cerebral.
Durante su estancia en el espacio, la recopilación de datos incluye una evaluación de los síntomas del mareo, y tras el aterrizaje, se realizarán pruebas adicionales de movimientos de cabeza, ojos y cuerpo, entre otras tareas de rendimiento funcional.
Experimentos del tamaño de una caja de zapatos
Además de todo esto, a bordo de Artemis II viajan al espacio cinco experimentos en forma de CubeSats de varias agencias internacionales (Alemania, Corea del Sur, Arabia Saudita y Argentina): demostraciones tecnológicas y experimentos científicos del tamaño de una caja de zapatos. Son los siguientes:
Todos estos experimentos servirán para proteger mucho mejor a los astronautas que viajen a la Luna en el futuro. Por ejemplo, se podrían buscar medidas para atajar sus problemas de sueño o trajes que protejan mejor de la radiación.
En definitiva, los resultados servirán para futuras intervenciones, tecnologías y estudios que ayuden a predecir la adaptabilidad de las tripulaciones en una misión a la Luna o incluso a Marte.
Autoría: Ignacio López-Goñi, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), Universidad de Navarra
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.
Madrid.- La contaminación acústica es el tercer factor de riesgo ambiental más grave en Europa -tras la del aire y las temperaturas extremas- y en España la sufre especialmente un 30 % de la población pero es un problema «ignorado casi siempre por las autoridades», según la asociación de Juristas contra el Ruido (JcR).
Esta organización, que cumple 25 años de existencia, reúne a profesionales del Derecho especializados en un inconveniente sobre el que «hemos trabajado en la vía civil, en la contencioso-administrativa y en la penal» consiguiendo «múltiples sentencias respecto a muchísimos emisores acústicos», relata a EFE su presidenta durante los últimos 11 años, Yomara García Viera, que acaba de ceder esta responsabilidad a Alfonso Terceño Ruiz.
«El silencio está infravalorado», lamenta, sobre todo en las ciudades, donde «parece que podemos hacer todo el ruido que queramos» pero tiene efectos demoledores para la salud.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística, el número de personas sordas o con discapacidad auditiva aumentó casi un 18 % entre 2008 y 2020 pero, además de esta afección y de la dificultad para conciliar el sueño, distintos estudios relacionan el exceso de ruido con problemas cardiovasculares, neurológicos y cognitivos, entre otros.
«Aunque normalicemos la situación, el ruido nos hace daño porque dispara los niveles de cortisol (la conocida como ‘hormona del estrés’, que influye desde al azúcar en sangre hasta la presión arterial) y, además, tiene efectos acumulativos en el organismo», advierte García Viera, ya que «afecta de forma integral a nuestra salud».
Los informes de la Agencia Europea del Medio Ambiente actualizados a mediados de 2025 ligaban la contaminación acústica -básicamente generada por el transporte, las obras e industrias, el ferrocarril y la música y ocio- a unas 66.000 muertes prematuras anuales en el Viejo Continente.
Según la Organización Mundial de la Salud, España lidera la lista de países europeos afectados y a nivel mundial figura en segunda posición detrás de Japón y, de acuerdo con un análisis del operador turístico Altezza Travel sobre 30 de las principales ciudades del mundo, Nueva York es la más ruidosa, con una puntuación de 134 sobre 150, pero Barcelona ocupa el segundo lugar con 112 puntos por su «bullicio humano», que incluye «turistas, música callejera, fiestas y bares abiertos hasta altas horas».
En la lista de sus 5 ciudades más ruidosas del país a nivel nacional figuran, tras Barcelona, las de Sevilla, Palma de Mallorca, Granada y Bilbao por la combinación de tráfico moderado, vida callejera animada, turistas y ocio nocturno, mientras que las más tranquilas son, por este orden, Cartagena, Zaragoza, Vigo, Valencia y Oviedo.
García Viera califica de «epidemia» los niveles elevados de ruido, no sólo en ciudades sino también «ahora incluso en las zonas rurales, con viviendas vacacionales, motoradas, celebraciones campestres…» y especialmente en las fiestas populares: «en mi caso he trabajado mucho en el tema del carnaval en Canarias, un asunto que ha requerido muchísimo esfuerzo porque es muy complejo».
Una sentencia llamativa es la del Tribunal de Instancia de Las Palmas de Gran Canaria que el mes pasado ordenó trasladar el carnaval a «un lugar donde no se altere las condiciones de vida de los vecinos» del Puerto y condenó al Ayuntamiento a indemnizar a los vecinos denunciantes con cerca de 600.000 euros por vulneración de varios derechos fundamentales, debido a la contaminación acústica,
La sentencia lamenta que «todo el mundo quiere el carnaval pero nadie desea que se celebre en frente de su domicilio».
Ana Tuñas Matilla.- Madrid.- Tráfico rodado, aviones, obras, ocio y restauración son los protagonistas de la contaminación acústica con la que convivimos en las ciudades y que, frente a los beneficios que nos aportan los sonidos de la naturaleza, es, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la segunda causa de enfermedad ambiental, por detrás de la polución.
Árboles y plantas son capaces de evitar la propagación del ruido y de absorberlo, y «meter» la naturaleza en las ciudades nos permitirá disfrutar también de sus sonidos y, por ende, mejorar nuestra salud, de ahí la importancia de naturalizar las urbes.
Además de patologías directamente relacionadas con el oído, como la pérdida de audición o los acúfenos, la exposición continuada a ruidos (más de 70 decibelios) genera enfermedades cardiovasculares, estrés, ansiedad, irritabilidad, trastornos del sueño o dificulta la atención.
Por contra, los sonidos de la naturaleza son beneficiosos para nuestra salud, pues está comprobado que disminuyen el dolor, reducen el estrés y mejoran nuestro estado de ánimo y rendimiento cognitivo, entre otros aspectos, según la revisión de 36 estudios sobre salud y sonidos naturales llevada a cabo por investigadores de Estados Unidos y Canadá.
El trabajo concluye que, además de los entornos cien por cien naturales, los parques urbanos permiten también experimentar sonidos naturales y pueden reforzar la salud pública al resaltar y conservar los paisajes sonoros naturales.
Según la presidenta del Observatorio de la Arquitectura Saludable, Rita Gasalla, naturalizar las ciudades ayuda a absorber contaminantes, como metales pesados o gases emitidos por coches y calefacciones, pero también, y de manera «impresionante», el ruido.
En concreto, se sabe que los muros naturales (construidos con árboles y plantas) «frenan» el ruido, reduciendo su propagación un 50 % y absorbiendo un 20 %, lo que es «importantísimo» para mejorar la salud de los ciudadanos.
Por ello, plantas y los árboles no sólo se deben poner a pie de calle o en parques, sino que también hay que usarlos para «insonorizar» edificios, mediante su colocación en fachadas o cubiertas, e infraestructuras, como carreteras o túneles, según la experta.
«Además de a nivel acústico, la naturalización tiene otros impactos muy beneficiosos y cómo se diseñan las ciudades ayuda a tomar decisiones saludables. Por ejemplo, una ciudad con espacios verdes invita a las personas a salir, lo que previene el sedentarismo y evita el aislamiento social», ha subrayado Gasalla.
Otro impacto importante es que, según la teoría del estrés del arquitecto Roger Ulrich, la presencia de vegetación activa nuestro sistema parasimpático, el mecanismo interno que tenemos para reducir el estrés, «la gran pandemia del siglo XXI».
«Nuestro objetivo es usar la biofilia como herramienta para promover el bienestar físico, mental y social de las personas», según Gasalla, que ha explicado que en relación al ruido lo primero es actuar sobre la fuente y después evitar su propagación, impedir que traspase las fachadas y acondicionar los edificios para que sean absorbentes.
A todo ello ayudan tanto una ordenación urbana adecuada como la implementación de soluciones basadas en la naturaleza, entre las que ha destacado el uso de barreras verdes y de materiales naturales, como madera o corcho, que ayuden también a evitar la vibración, la forma «silenciosa» en la que se trasmite el ruido y cuyos efectos sobre la salud son muy peligrosos.
«Todo lo que nos relaciona con la naturaleza acaba siendo bueno para las personas (…). Desde revolución industrial, vivimos alejados de la naturaleza, desde el punto de vista evolutivo es poco tiempo y no nos ha dado tiempo a adaptarnos, por eso es tan importante introducirla en ciudades y edificios, para mantener la conexión».
«Vivimos en ciudades tremendamente ruidosas y lo peor de todo es que nos hemos ido acostumbrando y somos permisivos con el ruido, pese a que merma calidad de vida y nos hace infelices. Incluso se ha invertido la carga de la prueba, y el que se queja del ruido parece que es el que molesta», ha lamentado el secretario general del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España, Laureano Matas.
Las ciudades, ha subrayado, están inundadas de un tráfico rodado para el que no se diseñaron, por eso, una de las soluciones pasa por restringir el tráfico y rediseñarlas para dar más espacio a los peatones.
Parte de la clave está también en ampliar las zonas verdes, que además de ser «mucho más amables» que el asfalto y el cemento, permiten recuperar «cierta alegría» gracias a los sonidos de las aves a las que atraen.
La Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) cifra en 12.000 las muertes prematuras producidas al año en Europa por la contaminación acústica y en 48.000 los nuevos casos de cardiopatía isquémica (obstrucción de las arterias que van al corazón que puede desembocar en angina de pecho o infarto).
Sólo en España, 5 millones de personas están expuestas a niveles de ruido superiores a los límites establecidos por la OMS y los nuevos casos anuales de cardiopatía isquémica por contaminación acústica superan los 1.300, según la Sociedad Española de Cardiología (SEC).
La exposición crónica al ruido puede también aumentar el riesgo de desarrollar otras enfermedades cardiovasculares, como la hipertensión arterial.
Por otra parte, más del 60 % de los escolares españoles sufre algún tipo de dificultad para entender a sus profesores a causa del ruido en su centro educativo, donde el nivel medio de contaminación acústica es de 70 decibelios, equivalente al sonido de una aspiradora o tráfico intenso, según datos de AG Bell International. EFEverde
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